Nací en Quito el 6 de septiembre de 1975 y crecí entre San Blas, Luluncoto, Rumiñahui, San Pedro Claver, Kennedy y Tanda. Son barrios distintos de una misma ciudad que ha acompañado toda mi vida y que marcó desde muy temprano mi forma de entender a Quito y a su gente. Estudié en Jaques Dalcroze, TW Anderson y Cardenal Spellman. Luego cursé Sociología y Ciencias Políticas en la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, con especialización en Sociología del Desarrollo, y continué mi formación de posgrado en Filosofía y Ciencias Políticas, Desarrollo Regional y Evaluación de Proyectos e Impacto Ambiental. La docencia ha sido otra parte importante de mi vida. He sido profesor en universidades ecuatorianas, tanto en pregrado como en posgrado. Las aulas me han permitido enseñar, debatir, escuchar y seguir aprendiendo sobre el país y sobre las distintas realidades que lo conforman.
Desde joven me interesó entender cómo se toman las decisiones que afectan la vida de las personas y cómo podemos transformar las instituciones para que respondan mejor a la ciudadanía. Ese interés me llevó a participar en espacios políticos y sociales y, más adelante, a asumir distintas responsabilidades en el Estado. He trabajado en áreas vinculadas con la reforma democrática, la inclusión económica y social y la planificación del país. Fui Subsecretario de Reforma Democrática del Estado, Viceministro de Inclusión Económica y Social y Secretario Nacional de Planificación y Desarrollo. Esos años me permitieron conocer de cerca cómo funciona el Estado, recorrer el país y trabajar con comunidades, gobiernos locales y equipos técnicos. Aprendí que detrás de cada política pública hay decisiones que terminan afectando la vida cotidiana de miles de personas.
Fui elegido asambleísta por Pichincha en dos periodos. Desde la Asamblea trabajé en temas económicos, tributarios y sociales, y presidí la Comisión de Régimen Económico y Tributario. También coordiné el Grupo Parlamentario por la Erradicación de la Pobreza, un espacio desde el que impulsamos debates y acuerdos alrededor de uno de los principales desafíos del país: reducir las desigualdades y ampliar oportunidades. La experiencia legislativa me permitió conocer otra dimensión del servicio público: construir acuerdos, convertir demandas ciudadanas en normas y entender que muchas de las decisiones que transforman la vida cotidiana requieren diálogo, planificación y capacidad de ejecución.
Desde mayo de 2023 tengo el honor de ser alcalde de Quito. Llegué a esta responsabilidad después de muchos años de trabajo en el servicio público, la planificación, la academia y la Asamblea Nacional. Pero gobernar mi ciudad ha sido una experiencia distinta a todas las anteriores: aquí cada decisión tiene un rostro, un barrio, una familia y una historia detrás. Recibimos una ciudad con enormes desafíos y con proyectos que llevaban años esperando convertirse en parte de la vida cotidiana de la gente. Uno de los primeros grandes pasos fue poner en funcionamiento el Metro de Quito. Hoy forma parte de la rutina de cientos de miles de personas y ha cambiado la manera de moverse, encontrarse y recorrer la ciudad. Verlo funcionar todos los días es una de las imágenes que mejor resume lo que significa pasar de los planes a los hechos. La transformación de Quito se vive además en sus barrios. Hemos recuperado parques y espacios públicos, rehabilitado vías, mejorado infraestructura, fortalecido servicios municipales y avanzado en intervenciones que durante años fueron esperadas por las comunidades. También hemos entregado miles de títulos de propiedad, dando seguridad jurídica a familias que construyeron durante mucho tiempo su vida en un lugar sin tener todavía el documento que reconociera legalmente lo que era suyo. Gobernar Quito significa atender realidades muy distintas al mismo tiempo. Esta es una ciudad de casi tres millones de habitantes, con parroquias rurales, grandes centralidades urbanas, barrios históricos, zonas industriales, valles y comunidades que tienen necesidades y formas de vida diferentes. Por eso una parte esencial de mi trabajo ha sido recorrerla, escuchar y entender de primera mano lo que ocurre en cada territorio. En estos años también hemos puesto especial atención en la recuperación del espacio público, la movilidad, el cuidado, la salud, la cultura, el ambiente y la seguridad desde las competencias municipales. Quito cambia cuando un parque vuelve a llenarse de familias, cuando una vía mejora la conexión de un barrio, cuando una persona puede movilizarse mejor, cuando una familia recibe su título de propiedad o cuando un servicio municipal llega a quien lo necesita. La Alcaldía me ha permitido conocer todavía más profundamente la ciudad en la que nací. He conversado con comerciantes, trabajadores, estudiantes, vecinos, dirigentes barriales, artistas, deportistas, adultos mayores, jóvenes y servidores municipales. Cada recorrido confirma algo que siempre he creído: Quito tiene una enorme capacidad para organizarse, crear, cuidar y salir adelante. También he aprendido que gobernar una ciudad requiere tomar decisiones complejas, construir acuerdos y mantener una visión de conjunto. Una ciudad de esta escala cambia con planificación, inversión, equipos técnicos sólidos y una relación permanente con la ciudadanía. Mi experiencia previa en planificación y gestión pública ha sido una herramienta importante para enfrentar esa responsabilidad. Ser alcalde de Quito es, hasta ahora, el desafío más grande de mi vida pública. Es trabajar todos los días por la ciudad en la que nací, en la que crecí y en la que he construido buena parte de mi historia. Quito está cambiando. Lo veo en sus calles, en sus barrios, en sus servicios y, sobre todo, en la vida cotidiana de su gente. Conducir este proceso es uno de los mayores honores que he tenido.
Palacio Municipal. Venezuela entre Chile y Espejo
Quito – Ecuador
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